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Formulario de acceso

Domingo 5º de Pascua

Ciclo A

3 de mayo de 2026

 

¿En qué Dios creemos?

    ¿Cómo es Dios? ¿Cómo es es de verdad Dios? No basta decir que creemos en un Dios único y que, por tanto, ese es el verdadero Dios; ni siquiera es suficiente invocar como Dios al Padre de Jesús. Porque no solo cada religión presenta su propia imagen de Dios, sino que, entre los mismos cristianos podemos encontrarnos con representaciones de Dios totalmente incompatibles entre sí. Al mismo Dios invocan, al menos con la boca, explotados y explotadores, belicistas y pacifistas, mártires de la fe, como Oscar Romero o Ignacio Ellacuría, y sus propios asesinos. Entonces, ¿cómo podemos llegar a conocer el verdadero rostro de Dios?

Domingo 6º de Pascua

Ciclo A

10 de mayo de 2026

 

Espíritu: justicia, libertad, amor

    Jesús, al morir, nos entregó su Espíritu. Necesitamos esa energía vital para atrevernos a esperar y a trabajar para que este mundo llegue a ser un mundo de hermanos bajo el reinado del Padre, Dios liberador que expresa su inmenso amor en el servicio de su Hijo. Necesitamos esa fuerza para tener la osadía de proclamar su mensaje en medio de un mundo gobernado por el dinero, dios de la absoluta rentabilidad, y por su energía, la violencia homicida, ya se manifieste como agresión armada o como opresión, injusticia, hambre y miseria. En una palabra: necesitamos ese Espíritu porque nos identifica, haciéndonos partícipes de la misma vida y capaces del mismo amor, con Jesús y con el Padre, de quien proceden esa vida y ese amor.

Ascensión del Señor

Ciclo A

17 de mayo de 2026

 

El cielo nos manda mirar a la tierra


   
La Ascensión de Jesús significa que Dios está y estuvo siempre con Jesús y no estaba, ni está, con los que lo mataron; que su proyecto está respaldado por el mismo Dios pues al resucitarlo y llevarlo junto a él, el Padre le dio la razón y se la quitó a sus enemigos y, por tanto, es un proyecto realizable; y que nuestra esperanza no está vacía, pues la presencia de Jesús junto al Padre, la avala definitivamente. Y que en Jesús la humanidad queda definitivamente divinizada y, al mismo tiempo, la divinidad, humanizada.
    Pero, ¡atención! Que desde el cielo se nos recuerda que nuestra misión no está arriba, sino abajo: es convertir la tierra en un cielo.

Domingo de Pentecostés

Ciclo A

24 de mayo de 2026

 

Espíritu: fuego, palabra y vida
 

    Las personas sólo pueden entenderse, dice la filosofía del lenguaje, en la medida en que comparten la vida. La Palabra de Dios nos dice hoy que hay una Palabra —la suya, que puede ser nuestra— que es vida; y nos ofrece una vida —su Espíritu, también a nuestra disposición—, que hace transparente e inteligible la palabra. A pesar de ello, lo que está sucediendo en el mundo parece revelar que los cristianos, ni nos entendemos, ni contribuimos a que otros se entiendan. ¿Hemos olvidado aquella Palabra o hemos expulsado de entre nosotros al Espíritu?

Domingo de la Sma. Trinidad

Ciclo A

de mayo de 2026

 

No viene a juzgar

    El nuestro es un Dios que, porque da la vida, es Padre, porque entrega su vida para hacer hermanos es Hijo y, como energía vital que se entrega para que los hermanos se quieran, es Espíritu. Un Dios que ha querido manifestarse como Hombre entre los humanos y que ha querido que el ser humano pase, como Hijo, a formar parte de la divinidad. Un Dios que es amor, solo amor, en sí mismo y en sus relaciones con el hombre. Un Dios al que damos gloria cuando hacemos que su misericordia reine entre nosotros. Un Dios que se define a sí mismo por su relación con la humanidad: Padre de los hombres, hermano de los hombres y vida, amor y libertad para la humanidad.
    Esto es lo que celebramos este domingo.

Corpus Christi

Ciclo A

7 de junio de 2026

 

Ofrecerse como pan, compartir la vida

    Celebrar la eucaristía no puede quedarse en un rito mágico ni en una ceremonia vacía; ni siquiera puede ser una devoción seria, pero individual, ajena a los problemas de la vida o el trabajo, del mundo o la sociedad; tampoco un momento de simple recogimiento, de experiencia meramente interior. Por supuesto que no puede ser una experiencia superficial; pero eso no significa que se agote en sí misma ni mucho menos en mí mismo. Ha de ser una experiencia abierta a la vida que el Padre nos ofrece y que como amor se recibe; y que, necesariamente, se comunica, como amor, a los hermanos, como amor a la humanidad.

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