
Aprendiendo a ser santos
Los santos son las personas que la Iglesia nos propone como modelos de vida cristiana. Por eso, se ha elegido la lectura de las bienaventuranzas como evangelio de esta celebración eucarística. Esto significa que se nos está indicando que, si queremos que nuestras actitudes y nuestros comportamientos se puedan considerar cristianos, deben regirse por los valores contenidos en lo que constituye un resumen del programa del reinado de Dios. Aprendamos, pues, a ser santos.

El amor fortalece la esperanza
La esperanza verdaderamente cristiana no mira solo a la otra vida. Al contrario, empieza con la convicción de que, si el mundo se organiza con los valores del reinado de Dios, las personas irán alcanzando su plenitud y encontrando la felicidad. Convertir esa convicción en acción constante para alcanzar ese mundo nuevo es una muestra de amor a la humanidad. Y ese amor dará fuerza y sentido a tas nuestras esperanzas.

Arriesgarse a cambiar el mundo
Si los que adoran al dinero están dispuestos a darlo todo por conseguir para sí mismos riquezas mayores, nosotros, que tenemos en nuestras manos la mayor riqueza que un hombre pueda poseer —el evangelio de Jesús, el amor del Padre, la fraternidad que crea el Espíritu—, no podemos dejarla improductiva. Arriesguemos lo que haga falta y hagamos que esa riqueza sea rentable, es decir, que sea compartida por muchos más y que cambie nuestro mundo, eliminando todo lo que impide que cada persona llegue a su plenitud y que todas puedan llegar a vivir como hermanas.

Un examen de mínimos
El evangelio de Mateo ha explicado ya de qué tendrán que rendir cuentas los seguidores de Jesús. Lo hemos visto en las parábolas de las muchachas sensatas y necias y de los talentos.
¿Y los que no han conocido o no han asumido el ideal del reinado de Dios? El pasaje del juicio de las naciones nos da la respuesta: deberán pasar un examen de mínimos.
Y una pregunta que nos debemos plantear: ¿pasaríamos nosotros esa prueba tan poco exigente?

Lealtad y esperanza
El domingo pasado leíamos un pasaje del evangelio que deja claro que, para alcanzar la vida definitiva, no es necesario ser cristiano, que basta con ser respetuoso con los derechos y la dignidad de las personas y con tener empatía y generosidad con quienes nos necesitan. Entonces, ¿en qué consiste ser cristianos?
El evangelio de hoy nos da algunos rasgos del seguidor de Jesús: una esperanza que anhela anticipar la vida definitiva a este mundo y la firme lealtad a ese proyecto que es el que llevó a Jesús de Nazaret a ofrecer y dar su vida. Y el amor que en esa lealtad se manifiesta.

2026