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| P. P. Rubens, Entrada de Jesús en Jerusalén | P. P. Rubens, El lavado de los pies, |
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| L. de Vargas, Jesús crucificado --- Edward Coley Burne-Jones, La mañana de la resurrección | |
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Giovanni Francesco Romanelli,
San Juan y San Pedro en la tumba de Jesús, 1641, Museo Fitzwilliam, Cambridge, Reino Unido |
Bienvenidos
Bienvenidos de nuevo a esta página que, sin pretensiones, de manera sencilla, pero entusiasta, pretende ofrecer una visión actualizada y liberadora del mensaje de Jesús de Nazaret, tomando como punto de apoyo las lecturas de la liturgia dominical. Bienvenidos de nuevo y...,
¡adelante!
| Alcemos nuestra voz. No permitamos que el ruido de los que quieren ver la Unión Europea convertida en un castillo para privilegiados acalle el grito de la gente que se siente solidaria con otras personas, precisa y exclusivamente por eso, porque son seres humanos que necesitan ayuda. |

Testigos de la victoria del amor y de la vida
Decidieron eliminar al que les estorbaba, al que, según ellos ofendía a sus dioses, denunciaba su corrupción o amenazaba sus privilegios y su poder. Pero Dios, el Padre, el liberador, no estuvo de acuerdo con ellos... porque el Padre estaba con él, con Jesús. Al mismo Pedro le costó trabajo creérselo: era demasiado para él aceptar que quien siempre gana -el poder, que se sirve de la violencia- había perdido esta vez. El otro discípulo sí logró interpretar los signos que tenía ante sus ojos; porque había seguido a Jesús hasta la cruz y allí había sentido cerca lo que significa la fuerza del amor, la fuerza de la vida. Nosotros, hoy, somos testigos de quién fue quien obtuvo, de Dios, la victoria.

Con este signo venceremos
Pocas leyendas han hecho tanto daño al mensaje cristiano que la que refiere una visión de emperador Constantino según la cual, usar la cruz en la guerra garantizaba la victoria contra los enemigos(1).
Pero la cruz de Jesús no garantiza la muerte de ningún ser humanos; al contrario, es signo de victoria contra la muerte. Porque la cruz no fue el final.
Por eso, en el último acto de esta historia nos encontramos con una invitación al optimismo. Y al compromiso en favor de lo que buscaba el que fue injustamente ajusticiado: la justicia, el amor, la felicidad... la vida. Para todos. Porque el amor siempre lleva a la derrota de la muerte, a la victoria de la vida.
Esto es lo que celebramos hoy.

Rescatar el sentido cristiano de la cruz
La cruz fue un patíbulo, un despiadado y perverso instrumento de tortura, un instrumento de maldad. Pero en ella, víctima de esa maldad, murió un Hombre que, al aceptar esa muerte como muestra de su amor a la humanidad, manifestó su propia grandeza, su gloria y el amor y la gloria de su Padre Dios. Por eso la veneramos y la consideramos el signo que representa nuestra fe: «la señal del cristiano, es la Santa Cruz», se nos ha dicho.
Pero, a lo largo de los siglos, fue también pretexto para el dominio de unos pueblos sobre otros y se ha usado —y se sigue usando— como condecoración para conceder honores, en algunos casos, a verdaderos asesinos.
¿Cómo rescataremos el genuino significado de la cruz en la que murió Jesús de Nazaret?

Ser como Dios... Padre
El domingo 1º de Cuaresma, el título del nuestro comentario era “¿Ser como dioses? Un mal asunto”. Entonces, ese “ser como dioses” respondía al concepto de Dios que la mayoría de las religiones y culturas nos han presentado; en realidad un dios hecho a imagen del hombre: todopoderoso, a veces caprichoso, mas que justo, justiciero e, incluso en ocasiones, cruel y vengativo.
El evangelio de este domingo nos enseña, por medio de Jesús de Nazaret, dos cosas fundamentales: como es en realidad el Dios y Padre de Jesús y cómo podemos parecernos a Él, es decir, como podemos llegar a ser verdaderos hijos de Dios.
De este modo, “ser como Dios”, como el Padre, se torna en un magnífico asunto.

Pacífico, justo y humilde y victorioso
No es lícito decir que la muerte de Jesús fue una exigencia de Dios para expiar los pecados de la humanidad. No fue de Dios; fueron los poderosos de este mundo quienes quisieron tal sacrificio. Jesús, por su parte, asumió su muerte como consecuencia de su compromiso solidario con sus hermanos los hombres y con la justicia y la paz. La paz de los hombres con Dios y, de manera indisoluble con ésta, la paz de los hombres entre sí. Pero mientras los hombres fundan su paz en el miedo a las armas del enemigo, Jesús la cimentó en el don de su propia vida, en la aceptación de su muerte, que Dios aceptó no en cuanto muerte, sino como manifestación plena de su fidelidad y de su amor. Y este fue su modo de ser rey: servidor, constructor de la paz, y defensor de la justicia. Pacífico, justo y humilde. Y también —y por todo ello— rey victorioso.




